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sábado, 26 de marzo de 2016

Adelanto: Capítulo 11 Marked in Flesh - Anne Bishop


Capítulo 11




Thaisday 7 de Juin


Joe Wolfgard ayudó a Tobias Walker a levantar el quinto contenedor con la carne de los bisontes en el pequeño camión refrigerado de la granja de productos lácteos, que Tobias había estacionado fuera de la carnicería de Floyd Tanner. No entendía por qué toda la comunidad de Pradera de Oro estaba orgullosa de tener un camión de este tipo, pero podía apreciar su utilidad en el traslado de los alimentos que se echaban a perder en el camino en los días cuando Verano reinaba en la tierra.

Por otro lado, Vlad ya había hecho algunas de las cosas que había prometido; Jesse Walker y Shelley Bookman estaban ahora en la lista de información particular de Steve Barquero. Shelley también había creado una cuenta de correo electrónico para él en la biblioteca, para que Simon,  Jackson -y Vlad- pudieran mandarle noticias si no querían enviar un telegrama, que tendría que ser llevado al asentamiento Terráneo, o llamar a la tienda de Jesse Walker y entregar un mensaje de esa manera.

En el asentamiento Terráneo en el que vivió antes de llegar aquí, tenían una cabaña de comunicaciones con un teléfono y computadora, y el asentamiento estaba lo suficientemente cerca de un pueblo humano como para poder usar teléfonos móviles al menos una parte del tiempo . Pero Pradera de Oro era un lugar más simple, y la comunicación no era tan directa. El asentamiento Terráneo no tenía un teléfono o una computadora, no tenía postes y cables que hacían a esas cosas funcionar. Los Otros no habían sentido la necesidad de tener tales cosas. Más importante, los Antiguos no querían esas cosas humanas tocando sus colinas.

Sin embargo, tener una forma de comunicarse con otros Terráneos más allá del rango al que llegaba un aullido, era importante ahora que los humanos estaban causando problemas en tantos lugares. Tendría que masticar su problema por un tiempo. ¿Tal vez los Eaglegard estarían dispuestos a actuar como mensajeros si necesitaba enviar un mensaje rápidamente a otra parte de Thaisia ​​o recibir un mensaje de Simon o Jackson? Si no era así, entonces los Crowgard o Ravengard[1] sin duda disfrutarían de ser los primeros en tener noticias.

¿Los humanos que trabajaban en oficinas de telégrafos elegirían el trabajo porque tenían el mismo deseo que lo Grajos y los Cuervos de ser los primeros en conocer la noticia?

—¿Qué piensas? — Preguntó Tobias.

Joe parpadeó, luego recordó la pregunta, Tobias había pedido algo cuando cargaban la carne en el camión.

—¿Grasa de bisonte? ¿Los humanos la comen?

—No, Abigail quiere probarla para la fabricación de velas y jabón. Por lo general la adquiere de la grasa que Floyd Tanner le vende cuando un buey o una oveja se mata para la carne, pero hay un montón de cadáveres por ahí, y la grasa en ellos se va a echar a perder, por lo que se preguntó si podría tener algo.

No habrá muchos cadáveres por ahí ahora, pensó Joe. Un Lobo podía cubrir cien millas en un día. La Antiguos podían cubrir aún más terreno. Muchos de ellos habían bajado de las colinas para consumir la carne disponible en lugar de cazar. Y, sospechaba, se habían sentido lo suficientemente curiosos y querían echar un vistazo más de cerca a los Intuye que se habían instalado cerca del extremo sur de sus colinas... humanos que estaban trabajando duro para ser amigables con los Terráneos.

—Ella te daría algunas de las velas y jabón como una especie de pago por la grasa, — añadió Tobias.

Eso era justo. Las velas a veces eran de utilidad. En cuanto al jabón, habría que verlo. Los Otros habían construido lugares donde hacían el jabón que preferían utilizar cuando estaban en forma humana. No estaba sucio con los olores añadidos y no ensuciaba la tierra. Tendría que preguntar a Jesse Walker si tenía ese jabón en su tienda. Pero si Abigail Burch podía hacer un jabón aceptable, no tendrían que comprarlo en otra parte de Thaisia.

—Podemos recoger un poco de grasa en el camino de vuelta desde el tren, — dijo Joe.

Tobias cerró el camión.
—Hablando del tren, es mejor  ponerse en marcha. Tenemos que parar por gasolina antes de ir allá.

—¡Oye Tobias!

Tobias asintió al hombre que caminaba hacia ellos desde la dirección de la tienda.

—Tom.

Tom García agitó un pulgar hacia la tienda.
—Jesse dijo que debes parar en la tienda antes de irte. Ella tiene una canasta con alimentos y bebidas para que ambos se lleven.

—Apreciamos eso. De todos modos tenemos que parar para recoger un par de contenedores grandes para la grasa de Abigail.

Tom asintió a Joe y entró en la carnicería, donde cada humano adulto disponible, había estado ayudando a Floyd a manejar el exceso de carne de bisonte.

—¿Algo más que tengas que hacer antes de irnos? — Preguntó Tobias.

—No. — El resto de los Terráneos ya sabían que iba a la estación de tren con Tobias, y un montón de Halcones, Águilas y Grajos estarían vigilando desde el cielo.

Levantaron los alimentos y bebidas de Jesse, llenaron el tanque de gasolina en el camino fuera de la ciudad, y comenzaron el viaje de dos horas a Bennett.



*****


—¿Segura que no está buscando cartas de tarot?

Jesse se armo de paciencia. Shelley había encontrado tres empresas Intuyes que, entre otras cosas, imprimían cartas de tarot y cartas de adivinación, que al parecer, le habían dicho, no eran exactamente lo mismo. Esta era la tercera empresa. Las otras dos, o bien no sabían de que estaba hablando o no estaban dispuestas a admitir nada a nadie, lo cual le hizo preguntarse cómo permanecían en el negocio. Pero tenía la sensación de que la confianza se había convertido en un bien más precioso que el oro.

—Estoy segura, — le dijo a la mujer en el teléfono—. Recuerdo haber visto mazos de cartas que usaban algunas mujeres para tener una idea de algo que iba a pasar, pero eso fue hace cuatro décadas, y estoy tratando de averiguar si todavía se están haciendo cartas por el estilo.

Silencio. Entonces:
—¿Qué clase de mujeres?

—Profetas de la sangre. Estoy buscando esto para una de las Casandra de sangre. — No era del todo cierto, pero lo suficientemente cerca.

—¿Tiene a una de esas chicas que viviendo en su comunidad?

—No, pero estamos buscando acoger a una o dos de las chicas. — Otra verdad a medias, ya que había sido un pensamiento pasajero. Cuando la otra mujer no dijo nada, Jesse continuó—. El líder del asentamiento Terráneo en Pradera de Oro tiene conexiones con dos de las chicas. Una de ellas tuvo una visión acerca de las cartas.

Un silencio crepitante.
—Dioses,— la otra mujer exhaló—. ¿Está buscando el mazo Trailblazer?

—Yo... — la muñeca izquierda de Jesse palpitó—. Tal vez sí. — Ahora era su turno para dudar—. ¿Realmente hay un mazo de cartas llamado así?

—No oficialmente. Aún no. Ayer saque algunos mazos de cartas de adivinación del almacén. Tenía la sensación de que un nuevo tipo de mazo era necesario, pero no sé cuál era el necesario.

—Tal vez no eres la que se supone debe decidirlo. Tal vez eres quién se supone que debe producir un mazo de cartas especiales que serán usados por la Trailblazer. —Jesse pensó por un momento—. ¿Podría hacer un mazo de cartas con diseños más actuales?

—Claro, pero no tenemos diseños nuevos.

Aún no.
—Los mazos que saco ayer. Debe haberlas hecho por una razón. ¿Puede enviarme dos de cada uno de esos mazos?

—Sí, podría. — La voz de la mujer se suavizo—. Si, podría.

Jesse le dio a la mujer la información de correo de Pradera de Oro, le dio las gracias y colgó. Luego pasó sus dedos por su pelo y tiró con la fuerza suficiente para aliviar un poco la tensión en el cuero cabelludo.

Necesito abastecerme, pensó mientras estudiaba las estanterías de su tienda y trató de ignorar el aumento de dolor en su muñeca izquierda. Alimentos enlatados, alimentos secos, nada en una jarra que dure hasta...

—¿Hasta qué?— El sonido de su propia voz la sobresaltó, la hizo detenerse y considerar por qué sus pensamientos habían saltado de las cartas de adivinación a la certeza de que tenía que aprovisionarse de suministros, y tenía que hacerlo ahora.

Al mirar alrededor de su tienda, su mirada se posó en las estanterías que contenían los libros. No podía comprar más libros de las editoriales. No había podido comprar libros de la librería de Bennett. Algunos podrían argumentar que los libros eran un lujo, no una necesidad. No estaba de acuerdo, pero ¿sería una prueba de cómo privar a una comunidad aislada de mercancía? La gente estaría descontenta por la pérdida de nuevos libros para leer, pero no enojada. Al menos, no al principio. Pero ¿qué si las cosas que consideraban más necesarias de repente no pudieran ser compradas? ¿Cosas como comida, ropa y, dioses, incluso algo tan básico como el papel higiénico?

Dos años atrás, tuvieron un invierno duro, quedaron aislados por varias semanas durante una serie de fuertes tormentas. Ese año tuvo un presentimiento y comenzó a abastecerse de suministros a finales de otoño, haciendo caso omiso de las burlas de Tobias y Shelley acerca de convertirse en una rata alimentos enlatados y paquetes de papel. Entonces, las tormentas llegaron unas semanas más tarde. Para cuando el camino quedo despejado y lograron conducir a Bennett por suministros, tenía media docena de latas de sopa y dos cajas de espaguetis en los estantes y tuvo que desarmar los últimos paquetes de papel higiénico y venderlos por unidad para que cada familia tuviera alguno.

Mientras miraba el stock en su tienda, tuvo la misma sensación, sólo que esta vez se sentía peor. Mucho peor.

Sacando el cuaderno que usaba para realizar un seguimiento de los artículos a ordenar, comenzó a revisar los estantes y hacer una lista. Había completado la sección de alimentos secos cuando Shelley se precipitó en la tienda.

—Joe Wolfgard recibió un correo electrónico, — dijo Shelley—. ¡De Vlad Sanguinati!

—Joe se ha ido a Bennett con Tobias, — respondió Jesse.

—¿Crees que deberíamos leerlo?

—No.

—Puedo tener acceso a su correo electrónico y...

—No.

—¡Pero podría ser importante!

Jesse se volvió y miró a Shelley.
—Incluso si es importante, no hay nada que se pueda hacer al respecto hasta que Joe y Tobias regresen.

—Pero podríamos mirar...

—Sólo porque creaste una cuenta para él no significa que tienes derecho a leer su correo o incluso comprobar su cuenta para ver si recibió alguno. — La voz de Jesse se volvió aguda—. La biblioteca y la oficina de correos son los únicos lugares en Pradera de Oro que tienen computadoras. Cualquier persona que quiera comunicarse a través de correo electrónico tiene que usar esas máquinas. ¿Lees el correo de todos los que usan las computadoras en la biblioteca? ¿Traicionas la confianza de tus amigos y vecinos?

—¡Por supuesto no! ¡Pero esto es diferente!

—No, no lo es. El hecho de que Joe Wolfgard este compartiendo algo con nosotros es más comunicación de la que nunca hemos tenido con los Terráneos, y, Shelley, no podemos permitirnos perder esa confianza. Ahora no. — Jesse cubrió con su mano derecha su muñeca izquierda—. Ahora no.

—Tienes razón, — dijo Shelley, sonando vapuleada mientras miraba a la muñeca de Jesse—. Tienes razón. ¿Pero no te preguntas de qué hablaran?

—Creo que es mejor para todos nosotros si no lo sabemos.


*****



—Llenamos el papeleo, los contenedores están claramente identificados y pagamos los doscientos por el transporte que requiere refrigeración, — Tobias dijo con vehemencia.

—Como ya hemos dicho. — Uno de los despachadores les dio a Tobias y Joe una sonrisa empalagosa—. El vagón con refrigeración está lleno en este viaje.

Contrólate, pensó Joe. No cambies. Y no muerdas a los despachadores de equipaje. No va a ayudar.

Tobias señaló al vagón del tren que soltaba ráfagas de aire frío por la puerta abierta.
—Hay un montón de espacio allí para nuestras cinco cajas.

El despachador cerró la puerta.
—Está lleno.

«¿Lobo? Soy Aire. ¿Necesitas ayuda?»

La voz de la hembra -y la oferta-  le sorprendieron. Él nunca había tratado con ninguno de los Elementales directamente hasta la noche en que todos se reunieron para atacar el compuesto del Controlador. ¿Cuántos de ellos vivían en Thaisia, y dejaban de lado el resto del mundo? ¿Había un millar de ellos llamados Aire? ¿Diez mil? ¿Más? En la naturaleza de los Terráneos, había machos al igual que hembras. ¿Había algún lugar en el País Salvaje donde se reunían para aparearse y criar a sus pequeños? ¿Había algún exuberante valle donde llevaban sus potros para que jugaran y crecieran hasta que sus naturalezas fueran reveladas? ¿Era una voluta de un torbellino un potro aprendiendo a ser lo que era, mientras que un embudo letal era un semental en su mejor momento?

Los Elementales se daban a sí mismo el nombre de lo que gobernaban y no ofrecían ningún otro nombre, por lo menos, a nadie fuera de su propia especie. Así, mientras que esta hembra se llamaba a sí misma Aire, no creía que ella hubiera estado en el compuesto del Controlador, y estaba bastante seguro de que no era la Elemental que vivía en Lakeside.

Joe consideró su pregunta.
«Queremos enviar un poco de carne a Simon Wolfgard y Meg Corbyn del Courtyard de Lakeside, pero los humanos están diciendo que el vagón refrigerador no tiene espacio para las cajas de carne.»

«Hemos oído de la Meg que vive cerca de Etu. ¿A ella le gusta esta carne?»

«Ella nunca ha probado bisontes, por lo que será una sorpresa, si es que no se estropea antes de llegar a Lakeside.»

Un viento azotó ligeramente la plataforma. La puerta del siguiente vagón se abrió.

«Pon la carne para la Meg en este vagón,» dijo Aire.

«Este vagón no es frío.»

«Lo será.»

—Vamos a poner nuestro envío en este vagón, — Joe le dijo a Tobias—. Vamos, pongamos estas cajas en el interior.

—Pero este no...

—Hazlo, — gruñó Joe.

Arrastraron las cinco cajas de carne en el vagón vacío, dejándolas a un lado de la puerta.

Los despachantes exhibían sonrisas de superioridad...hasta que la hembra que parecía que llevaba un vestido largo hecho de nubes cruzó la plataforma con un gordito poni blanco con cuerpo de barril.

—Dioses, — susurró Tobias.

—Ssh, —advirtió Joe—. «Gracias por su ayuda.»

Ella le sonrió. Después miró a los despachadores, y su sonrisa cambió a algo agudo y salvaje. Ella y el poni entraron en el vagón. Ella cerró la puerta.

—¿Qué mierda fue eso? — Uno de los maleteros dijo.

Joe no respondió. Su agudo oído de Lobo recogió sonidos en el vagón que los humanos no escuchaban o habían optando por ignorar, sonidos de una tormenta en ciernes.

—¡Todos a bordo! — El conductor llamó.

—¡Espere! — Un hombre corrió a la plataforma con un carrito lleno de cajas—. Estas necesitan ser cargadas.

—Si los pone en ese vagón, se van a mojar, — dijo Joe, haciendo un esfuerzo simbólico para ser útil.

—Tú y el amante de lobo puede irse a follar entre ustedes, — chasqueó un despachador.

—¿Por qué? — Preguntó Joe, no viendo la conexión entre las cajas y el apareamiento.

Nadie respondió a la pregunta, porque el despachador abrió la puerta del vagón... y la nieve fue impulsada por el viento dándole una palmada en la cara con tanta fuerza que lo tiró hacia atrás un paso.

—Dioses, — dijo Tobias nuevo.

—No, esos son Aire y Ventisca, —dijo Joe—. Van a mantener la carne fría. Vamos. Es hora de irnos.— Él se alejó, pero tuvo que esperar a que Tobias dejara de mirar el vagón y lo alcanzara.

En el camino de vuelta a Pradera de Oro, se preguntó si debería llamar a Simon, y decirle que los Elementales iban a estar interesados en saber si a Meg Corbyn le gusta la carne de bisonte.



*****



Sus pasos llenaron la tierra alrededor de Bennett con un terrible silencio.

Durante horas dieron vuelta alrededor de la ciudad, olfateando alrededor de la estación de tren, escucharon la charla de los pequeños depredadores bípedos. No entendieron mucho de la charla. A diferencia de los sonidos hechos por los que ayudaron a los cambiantes, esta charla era de poco interés para los dientes y las garras de Namid. Pero aún así escucharon. Y observaron. Y aprendieron.




Para: Jesse Walker

Un envío de libros llegará a la estación Bennett el Watersday, 9 de Juin, favor hacer arreglos para que alguien recoja el envío. Además, tramiten transporte y motel para el alojamiento de dos personas que visitaran Pradera de Oro durante unos días. Preferiblemente habitaciones separadas.

Vladimir Sanguinati





Para: Simon Wolfgard

Cinco cajas de carne de bisonte están en camino. Espero que a tu Meg le guste la carne, ya que Aire y Ventisca hicieron un esfuerzo especial para mantenerla fría. Además, una hembra humana está haciendo jabón y velas de grasa de bisonte. Te enviaré algunos.

Joe



[1] Ravengard: Hace referencia al gard de los Cuervos Grajos, que son diferentes de los cuervos corneja (crow) de los que venimos hablando. Ambos son cuervos pero para diferenciarlos ya que tienen un gard diferente en la historia los vamos a llamar Grajos a secas.

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