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sábado, 1 de agosto de 2015

Adelanto Capítulo 1 (primera parte): Shadow Study - Maria V. Snyder

—1—


YELENA

«Uf, barro,» Kiki dijo mientras salpicaba por otro charco. El lodo húmedo estaba aferrado a su piel de cobre y goteaba de su larga cola. Cubría completamente sus cascos y el pelaje de sus espolones con cada paso.

A través de nuestra conexión mental Sentí su incomodidad y fatiga.
«¿Paramos?»Yo pregunté. «¿Descanso?»

«No.» Imágenes de heno fresco, un pesebre limpio y siendo acicalada, se formaron en la mente de Kiki. «Casa, pronto.»

Sorprendida, miré alrededor del bosque. Montones de nieve descongelándose se mezclaban con los grumos negros de las hojas muertas, una muestra de que la temporada de frío estaba perdiendo su dominio. La lluvia golpeaba de manera constante en las ramas desnudas. La luz se desvanecía, convirtiendo al bosque ya gris en plomizo. Durante las últimas horas, me había acurrucado bajo mi -empapada- capa, tratando de mantener el calor. Con mis pensamientos fijos en mi cita con Valek,  fallé en seguir el rastro de nuestra ubicación.

Recorrí la zona con mi magia, proyectando mi conciencia en buscar vida. Unos conejos valientes buscaban comida en la maleza húmeda y un par de ciervos se quedaron congelados, escuchando el perseverante paso blando de Kiki. No había almas atrapadas en estos bosques. No había seres humanos en millas.

Eso no era una sorpresa. Esta área remota en las tierras al noreste de Featherstone fue elegida por esa misma razón. Después de que Owen Moon nos emboscó hace unos cuatro años, Valek y yo decidimos mudarnos a un lugar menos conocido, cerca de la frontera de Ixia.

Me incliné hacia adelante en la silla. Nos estábamos acercando y mi capa húmeda ya no se presionaba tan firme en mis hombros. A este ritmo, llegaríamos a nuestra acogedora casa de campo en una hora. La participación de Valek en el rescate de nuestra amiga Opal del clan Bloodrose y sus posteriores repercusiones, lo habían mantenido ocupado durante meses. Finalmente tendríamos unos días preciosos para nosotros solos antes de que él se reportara con el Comandante. Ya debería estar allí esperándome. Visiones de compartir un baño caliente, acurrucándonos frente a un fuego rugiente y relajarnos en el sofá, una vez más me distrajeron.

Kiki resopló con diversión y rompió en un galope. Detrás de las nubes, la puesta de sol, robaba al bosque todo el color. Confié en Kiki para encontrar el camino en la penumbra, mientras seguía una conexión mágica de luz de la vida silvestre en las cercanías.

Interrumpiendo su paso, Kiki giró hacia a la derecha. Moviéndose como un destello a la izquierda junto con el acento inconfundible de su arco. Kiki se retorció debajo de mí. La agarré por su melena, pero una fuerza me golpeó en el pecho y me tiró de la silla.

Golpeé el suelo con fuerza, sentí todo el aire de mis pulmones salir con fuerza cuando el dolor estalló. Un fuego me quemaba en cada uno de mis jadeos desesperados. Sin pensarlo, me proyecté de nuevo, en busca de la... persona que me había atacado. A pesar de la agonía, empujé tan lejos como pude. Nadie.

«¿Kiki, olores?» Pregunté. Se puso de pie sobre mí, protegiéndome.

«Pino. Humedad. Barro.»

«¿Ves algún mago?»

«No»

No era bueno. La persona tenía que estar protegida por un escudo mágico de nulidad. Era la única manera de esconderse de mí. Escudos de nulidad bloqueaban la magia. Por suerte, también le impedían al mago atacarme con su magia, ya que bloquea la magia de ambos lados. Pero no frenaría otra flecha. Y tal vez la próxima no fallaría.

Miré el asta. La flecha había golpeado dos pulgadas por encima y una pulgada a la izquierda de mi corazón, albergándose justo debajo de mi clavícula. El miedo desterró al dolor por un momento. Necesitaba moverme. Ahora.

Rodando por mi lado, me detuve cuando una sensación helada se propagó sobre mi pecho. ¡La punta estaba envenenada! Me tire de nuevo en el barro. Cerré los ojos y me concentré en la expulsión del líquido frío. Fluía de la herida, mezclándose con la sangre que ya empapaba mi camisa.

En lugar de desaparecer, el veneno se mantuvo como si hubiera sido rellenado ni bien lo había expulsado. Con el dolor nublando mi mente, la razón se me escapaba.

Kiki, sin embargo, lo descubrió. Ella apretó los dientes en el eje de la flecha. Tuve un segundo para darme cuenta de lo que planeaba antes de que arrancara la flecha de mi pecho.

Lloré cuando un dolor muy intenso explotó, la sangre brotó y el metal pasó raspando el hueso de una vez. Aturdida, quede tirada en el suelo mientras manchas blancas y negras se arremolinaban en mi visión. A punto de perder el conocimiento, me enfoqué en la punta de la flecha recubierta con mi sangre, para recordarme el peligro. Seguía siendo un objetivo. Y no estaba por la labor de hacerle más fácil a mi atacante el tener otra oportunidad.

«Arregla el agujero,» dijo Kiki.

Me debatí. Si me curaba a mí misma ahora, entonces quedaría demasiado débil para defenderme. No es como si estuviera en condiciones de combatir. Aunque todavía tenía acceso a mi magia, era inútil contra las flechas y, siempre y cuando el asesino se escondiera detrás del escudo nulidad, no podía tocarlo con mi magia, tampoco.

Kiki levantó la cabeza. Sus orejas ladeadas.
«Vamos. Encuentra al Fantasma.»

Gemí. ¿Cómo pude olvidarme de que Valek estaba cerca? Chica inteligente.

Con la flecha aún aferrada en sus dientes, Kiki se arrodilló a mi lado. Agarrando su melena, me impulse a mí misma en la silla de montar. El dolor se disparó a mis brazos y vibró a través de mi caja torácica cuando ella se puso de pie. Volvió la cabeza y tomé la flecha. Nos podría dar una pista sobre la identidad del asesino.

Me agaché pegándome en la espalda de Kiki mientras corría a casa. Manteniéndome alerta a otra vibración, apunté mi conciencia sobre la vida silvestre de los alrededores. Si los animales detectaban un intruso, lo captaría en su miedo. El sonido me hubiera dado una pista, pero estuve en contacto con el ciervo cuando la flecha golpeó. Estaría impresionada por las habilidades del asesino si no tuviera tanto dolor.

No pasó mucho tiempo para que llegáramos a nuestro pequeño establo. Las puertas principales se habían dejado abiertas. Un resplandor cálido amarillo hacía señas. Kiki trotó dentro. Las linternas se habían encendido y Onyx, el caballo de Valek, relinchó un saludo de su puesto. Kiki se detuvo junto a una pila de fardos de paja. Aliviada por estar en un lugar seguro, me deslicé hacía ellos, y entonces me tiré.

Kiki empujó mi brazo.
«Dama Lavanda arregla el agujero»

«Después de que Fantasma venga.» Sospechaba que caería en un profundo sueño, una vez que curara la herida y sabía que Valek tendría preguntas.

Ella agitó su cola fangosa y se alejó.
«Fantasma»

Valek apareció a mi lado. Su confusión se volvió en alarma cuando su mirada recorrió mi camisa empapada de sangre.
—¿Qué pasó?

Sin energía para una explicación detallada, le puso al corriente de lo básico y le entregue la flecha.

Todo el ánimo abandonó el rostro anguloso de Valek. Una furia ardió en sus ojos azul zafiro, mientras examinaba el arma. Por un momento, me acordé de nuestro primer encuentro, cuando me ofreció el trabajo de catadora de alimentos. El veneno nos había reunido en ese momento, también. Pero nunca espere que durara. Entonces no quería nada más que escapar de él lo antes posible.

Un líquido claro goteaba del eje hueco. Él lo olió.
—¿Has expulsado todo el veneno?

—Yo creo que sí. — Era difícil decirlo con seguridad, pero no añadiría más leña a su ira. La dura expresión de Valek ya prometía asesinato.

Apartó el pelo de mi mejilla.
—¿Qué tan malo es?

—No es tan malo como parece. Ahora ve, antes de que el asesino se escape. — Lo espanté.

—No te voy a dejar sin protección.

Kiki resopló y movió su cola, salpicando barro en el pantalón negro de Valek. Saque mi navaja de su soporte, abriendo la hoja.

—Estoy lejos de estar sin protección. Apaga la luz antes de irte.

—Está bien. Voy a ensillar a Onyx fuera del establo. Quédate aquí. — Valek abrió el cubículo de Onyx y el caballo negro salió trotando. Después de apagar la linterna, Valek desapareció en la oscuridad.

Me quedé allí atenta a cualquier sonido. Mi hombro y brazo izquierdo palpitaban. Cada inhalación causaba una punzada de dolor en mi pecho. Para aliviar el malestar, saque un delgado hilo de la magia de la manta de poder que abarca el mundo. Una imagen mental de la lesión tomó forma cuando me centré en la herida. Mi clavícula se había roto. La flecha había cortado a través de mis músculos por el impacto y las púas de metal en la cabeza de la flecha, había arrancado trozos de piel cuando Kiki la arrancó. Preciosa. Use una hebra del poder para disminuir el dolor como medida temporal.

Una vez más dirigí mi conciencia al bosque circundante, mantuve un contacto ligero con las criaturas nocturnas. Lástima que mi amigo murciélago estaba hibernando durante la estación fría. Sus sentidos únicos habrían ayudado con la búsqueda del asesino en la oscuridad. La fauna realizó su caza nocturna de los alimentos y no mostró signos de agitación, ni siquiera de Valek. Su inmunidad a la magia me impedía hacer un seguimiento de él. Tenía la esperanza de que se mantuviera sagaz.

A medida que el tiempo transcurría sin incidentes, me preguntaba quién me había atacado. Esa línea de pensamiento no progresó, ya que todo lo que podía deducir, era que la persona era un mago/maga que tenía el poder para hacer un escudo de nulidad, que sabía usar el arco y la flecha, y que podría tener una afinidad con los animales. Eso, o él / ella era muy silencioso y había ocultado su olor.

Desafortunadamente, al reflexionar sobre el por qué fui atacada, genere una lista más larga. Como Enlace oficial entre el Comandante del Territorio de Ixia y el Consejo de Sitia, en los últimos seis años, me había agenciado al menos una docena de enemigos políticos y criminales. Como compañera del corazón de Valek, -el infame asesino de Ixia, durante los últimos ocho años-, me volví un objetivo para cualquier persona que odiara a Valek, lo que incluía a la mayor parte de Sitia y probablemente a cientos de Ixianos. Como maga y Halladora de Almas, puse a mucha gente nerviosa, preocupadas de que me volviera corrupta. Estas personas tenían la impresión equivocada de que podía crear un ejército sin alma, cuando en realidad lo único que puedo hacer, es encontrar almas perdidas y guiarlas; ya sea a una eternidad de paz en el cielo o una eternidad de sufrimiento en el mundo del fuego, en función de sus actos cuando vivía.

Un ligero impacto me sacudió de mis pensamientos. Cuidadosa de mi lesión, me senté y giré mis piernas sobre el heno. Entonces me levante. Era mejor ponerse de pie y luchar que ser capturada acostada. La oscuridad exterior era de un color más claro que en el interior, debido a la luz de la luna tenue. Iluminaba lo suficiente para ver formas.

Seguí alerta a cualquier movimiento, mirando a través de la puerta. Cuando Kiki dio un paso entre mí y la entrada, me sobresalté. Aunque ella tenía dieciséis palmos de altura podía ser muy sigilosa. Su espalda era más alta que yo y  bloqueaba mi visión. Admito que apenas llego al metro sesenta, pero ella era una chica grande como la mayoría de los caballos Sandseed.

Un poco de sofoco se centró en mi corazón latiendo a doble tiempo. Apreté mi agarre en la navaja.

«Fantasma,» dijo Kiki, alejándose.

Me hundí en contra el heno. Una sombra con la forma de Valek entró en el establo. Encendió la linterna. Por la mirada sombría en su expresión, supe que había perdido el rastro del asesino.

—Se trata de un profesional, — dijo—. Usó magia para borrar sus huellas. Simplemente se detuvo. Y sin hojas de arbustos, es más difícil dar con él, especialmente por la noche. Voy a salir de nuevo en la luz del día.

—¿Él? ¿Cómo lo sabes?

—Botas grandes, impresiones profundas. Podemos hablar de ello más tarde. Vamos a entrar y atenderte.

—Kiki primero.— Y antes de que pudiera discutir—. Ella me salvó la vida. Si no se hubiera movido, la flecha me habría atravesado el corazón.

Los hombros de Valek cayeron. Sabiendo que no daría marcha atrás, trabajó rápido. Le quitó la silla y sacudió el barro seco de sus piernas y del estómago. Después de que limpió sus cascos, ella entró en su puesto y comió el heno.

—Supongo que está lo suficientemente feliz, — dijo Valek, lanzando los elementos en un cubo—. Ahora, vamos a secarte y darte calor, amor.

Me quité mi capa fangosa y la dejé en el fardo antes de pasar mi brazo derecho por los hombros de Valek. Quería cargarme, pero me preocupaba que pudiera sacudir el hueso roto fuera de la alineación y que no tuviera la fuerza suficiente para sanarme.

El dolor agudo volvió para cuando entre en la casa. Lo más que pude fue alcanzar el sofá. Un brillante fuego ardía en la chimenea y una botella de vino estaba esperando en la mesa con dos vasos y un plato de queso. Valek debió haber llegado unas horas antes que yo.

Inclinando la cabeza hacia la comida, le dije:
—Eso es encantador.

—Nos vamos a consentir después de que te hayas sanado y descansado. ¿Quieres cambiarte primero?

Sólo la idea de mover mi brazo izquierdo me dolía.
—No.

—¿Entonces qué estás esperando?

—Un beso. No te he visto en meses.

Valek se transformó al sonreír. Los ángulos agudos de su rostro se suavizaron y calor irradió de él. Se inclinó hacia delante y presionó sus labios con los míos. Antes de que pudiera profundizar el beso se apartó.

—No más hasta que estés mejor.

—Cruel.

—Yelena. — Su tono severo habría hecho a mi madre enorgullecerse.

—Está bien. — Me recosté en el sofá y cerré los ojos.


Alcanzando la manta de poder, reuní un hilo grueso de magia. Envolví esa hebra alrededor de mi clavícula rota, fusionando las dos piezas juntas. Una segunda hebra fue para los músculos y una tercera para reemplazar la piel. El esfuerzo me agotó. Me drenó, me desmayé.

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