Próximamente

lunes, 13 de marzo de 2017

Adelanto: Capítulo 1(segunda parte) Etched in Bone - Anne Bishop


*****


Meg se agitó con los platos en la pequeña mesa de la sala de verano, pero su mente seguía repitiendo la imagen de Simon y Karl Kowalski de pie junto al abrevadero, hablando. Simon se veía feliz. Karl había estado de espaldas a la sala de verano, por lo que no había visto su rostro, pero parecía tenso. Se preguntó por qué Karl se sentiría tenso por algo que tanto le agradaba a Simon. De nuevo, un Lobo y un humano no veían las cosas de la misma manera.

Pero al mirarlos, sus cuerpos comunicando emociones opuestas, ella notó las similitudes. A diferencia de Henry Beargard, que era grande y musculoso incluso en forma humana, Simon y Karl tenían la fuerza y ​​los músculos delgados de los cazadores que perseguían a sus presas, aunque no creía que Karl tuviera que correr tras quienes hubiera arrestado. Ambos tenían el cabello oscuro, pero Karl lo tenía más corto que Simon. La verdadera diferencia, a primera vista de todos modos, eran los ojos. Los de Karl eran marrones, mientras que los de Simon eran de color ámbar, ya fuera humano o Lobo.

Y cuando Karl se fue, notó las partes de Simon que estaban ocultas. Lo notó, pero no estaba segura de cómo se sentía. Asustada, sí, pero también un poco curiosa. Ella y Simon eran amigos, y ella adoraba a su sobrino Sam. Pero más que eso, se habían convertido en compañeros comprometidos a mantener intacto el Courtyard -y la ciudad de Lakeside-. Y eran compañeros comprometidos en ayudar a las Casandras de sangre a sobrevivir en un mundo que estaba demasiado lleno de sensaciones.

En las historias que había leído, la gente que se atraían el uno al otro parecían pelear mucho o tener malentendidos o tener relaciones sexuales y luego rompían antes de eventualmente reunirse. Pero esos eran humanos, no una profeta de la sangre y un Lobo. Había cosas que le hicieron en el recinto que su cuerpo recordaba pero que estaban veladas en su mente, cosas que le hacían que fuera mucho más fácil estar cerca de Simon cuando estaba en forma de Lobo. Sabía en su corazón que Simon nunca le haría cosas malas como los hombres en el recinto, pero el Lobo peludo todavía se sentía como un compañero más seguro, a pesar de los dientes y las garras.

Y sin embargo, esta vez, viendo a Simon sin ropa. . . Asustada, sí, pero pensar en ello hizo que algo flotara dentro suyo, algo que la hizo preguntarse cómo sería si ellos...

—Estas molesta.

Sorprendida, Meg casi tiró un vaso de agua. No había escuchado a Simon entrar en la sala de verano.

—No, no lo estoy. —Pero al mirarlo, se distrajo por el cuerpo masculino que mostraba todo excepto los pedacitos atemorizantes, que estaban ocultos por el short de mezclilla. Entonces recordó que no llevaba nada más que un cambio de algodón delgado y bragas. Eso no le había parecido importante cuando se los puso después de su ducha.

Ella lo estaba pidiendo. Meg no podía recordar si había leído esa frase en una historia o si formaba parte de un remembranza, una imagen de una vieja profecía. Pero sabía que era la excusa que usaba un hombre para culpar a una chica cuando la obligaba a tener relaciones sexuales con él.

No había pensado en lo poco que llevaba puesto, pero si tomaba nota del cuerpo de Simon, ¿él también se daba cuenta del suyo? Y si así fuera...

Ella lo estaba pidiendo.

¡No! Un hombre humano podría pensar de esa manera, pero no Simon, ni siquiera cuando estaba en forma humana. Su cerebro lo sabía; Haría las cosas más fáciles para todos si pudiera convencer a su cuerpo.

—Sí, lo estas, —Simon se acercó y sus ojos ámbar se entrecerraron, pero no antes de que Meg viera los destellos de color rojo que indicaban ira—. Hueles a malestar y a un poco de lujuria. Pero mayormente a malestar. —Él gruñó, mostrando colmillos que definitivamente no eran humanos—. ¿Te ha molestado Kowalski?

—No. —Las entrañas se sentían temblorosas, pero su respuesta fue firme y definitiva. Lo último que quería era que Simon se enojara con alguno de sus amigos humanos—. Estaba pensando en algo que me hizo infeliz.

Dejó de gruñir y ladeó la cabeza, pareciendo más desconcertado que enojado.
— ¿Por qué?

Lo miró fijamente. No quería decirle en qué había estado pensando, que sería su próxima pregunta, así que se encogió de hombros y cambió de tema por uno que sabía que le interesaría: la comida.

—No podía decidir qué comer, así que traje un montón de cosas, incluyendo esto. — Tomó un recipiente y una cuchara, luego dudó.

— ¿Qué es?

—Yogurt. —Ella tragó una cucharada y se preguntó por qué Merri Lee y Ruth dijeron que era delicioso. ¿Sería un gusto adquirido?—. Prueba. — Llenó la cuchara y se la tendió a Simon, preguntándose qué haría.

Se inclinó hacia la cuchara y olisqueó. Entonces comió la ofrenda.

Meg contuvo el aliento, sin saber si él podría escupir el yogurt o tragarlo.

Tragó saliva. Luego miró la otra comida que trajo.
— ¿Por qué comerías eso cuando puedes comer rebanadas de bisonte?

Como no podía decir con sinceridad que le gustaba el sabor del bisonte, no veía mucha diferencia.
—Merri Lee y Ruth dijeron que el yogur es bueno para las entrañas de una persona, especialmente las entrañas de una chica.

—Me alegro de no ser una chica, —murmuró mientras colocaba un par de rodajas de bisonte en un plato antes de considerar el resto de la comida disponible.

Meg tomó otra cucharada de yogur antes de cerrar el recipiente. Ya. Se había ocupado de sus entrañas por el día. Comió la mitad de las bayas, luego empujó el recipiente hacia Simon. Casi esperaba que rechazara la oferta, diciendo que tenía mucho bisonte para comer, pero aceptó felizmente su parte de las bayas sin decir una palabra, dejándola mordisquear una rebanada de queso.

—No estás comiendo, —dijo Simon unos minutos después.

—Tuve suficiente por ahora. —Lo cual era cierto, ya que tenía la intención de ir a Un Pequeño Bocado antes de trabajar y ver lo que Nadine Fallacaro y Tess tenían disponible en la cafetería del Courtyard.

Llevaron el resto de la comida a su apartamento y lavaron los platos antes de que Simon fuera a su apartamento a vestirse para el trabajo.

Meg miró fijamente las ropas en su armario y consideró qué podría ser apropiado para quien era el Enlace humano y qué sería algo práctico para vestir en un día caliente y húmedo. Escogió un par de pantalones cortos de color verde oscuro, una blusa de manga corta de un tono melocotón y rosa, y un par de sandalias que parecían agradables y se sentían muy bien.

Después de comprobar que el libro que estaba leyendo estaba en su bolsa de viaje, Meg cerró con llave la puerta principal de su apartamento y bajó la escalera exterior para esperar a Simon.


*****


El Teniente Crispin James Montgomery volvió la cabeza para mirar al agente del Grupo de Trabajo de Investigación Greg O'Sullivan, que estaba sentado en el asiento trasero del patrullero. Cuando O'Sullivan miró fijamente al tercer hombre en el coche, Monty volvió su atención a su compañero, el Oficial Karl Kowalski, que los conducía a una reunión con el nuevo Alcalde en funciones y el Comisionado de policía.

Kowalski era un hombre vigoroso de unos veinte y tantos años. Un oficial de policía dedicado, convencido de que la mejor manera de ayudar a los humanos en Lakeside era teniendo una buena relación de trabajo con los Terráneos,  una creencia que le había causado algunos problemas personales con un casero así como creó una grieta entre Karl y su padres y hermanos.

Pero después de la masacre de humanos en algunas ciudades del Medio Oeste y del Noroeste en represalia por la matanza de los Wolfgard en esas mismas áreas; Después de las tormentas que asolaron el continente de Thaisia ​​y se estrellaron contra Lakeside; Después de que los humanos tuvieran un breve vistazo de los terroríficos Terráneos que viven, y custodian, el país salvaje, Monty se preguntó si Kowalski todavía creía que había alguna esperanza de que los humanos sobrevivieran a la fuerza y ​​furia de los Elementales y de los Terráneos conocidos como los dientes y las garras de Namid.

Y se preguntó qué haría si Kowalski y Michael Debany, el otro Oficial de su equipo, quisieran trabajar en otro equipo o incluso trasladarse a otra comisaría en Lakeside.

— ¿Estás bien? — preguntó Monty. ¿Tenía sentido el preguntar con O'Sullivan en el auto? El agente estaba haciendo todo lo posible para crear un diálogo con Simon Wolfgard y los otros miembros de la Asociación Empresarial del Courtyard, pero nadie lo conocía lo suficientemente bien como para considerarlo un amigo personal.

Kowalski se detuvo detrás de un autobús que estaba tomando pasajeros en vez de cambiar de carril para dar la vuelta. Si se quedaban detrás del autobús y esperaban en cada parada, llegarían tarde a la reunión.

Por el rabillo del ojo, Monty vio a O'Sullivan cubrir el reloj de su muñeca izquierda, un mensaje silencioso: podemos llegar tarde a la reunión.

En apariencia, Monty y O'Sullivan eran opuestos. Greg O'Sullivan tenía treinta y tantos años. Tenía ojos verdes que siempre estaban llenos de una aguda inteligencia  y su corto pelo oscuro empezaba a escasear en la parte superior. En el trabajo, tenía una intensidad ardiente y una cara que le sugería a Monty la idea de un guerrero que había elegido una vida austera.

Monty, por otra parte, era el más viejo de los tres hombres, aunque todavía no tenía cuarenta. Tenía la piel oscura, los ojos castaños, y el pelo negro corto y rizado que ya mostraba un poco de gris, y no todas las líneas en su rostro provenían de la risa. Ya no.

—Tuve un paseo en bicicleta por el Courtyard esta mañana y terminé jugando un juego de caza con algunos de los Lobos, —dijo Kowalski—. Yo era la presa designada.

O'Sullivan se inclinó hacia delante.
— ¿Estás bien?

Kowalski miró por el espejo retrovisor, luego giró alrededor del autobús cuando señaló en la siguiente parada.
—Más entrenamiento de lo que había pensado tener con tanta humedad. Los Lobos no me lastimaron, si eso es lo que me está preguntando. Ni siquiera lo intentaron.

Monty y O'Sullivan esperaron.

—Fue un juego para ellos, y de alguna manera les di mi aceptación de unirme al juego. Pero, dioses, viéndolos alrededor de la Plaza Comercial... No es que uno se olvide de lo grande que son, pero realmente no relacionaba lo que significa su tamaño cuando están cazando. Cuando los vi correr hacia mí, mis instintos entraron en acción y traté de superarlos. No podía hacerlo, por supuesto.

— ¿Sabes qué fue lo que hiciste para unirte al juego?—Preguntó Monty en voz baja.

Kowalski se concentró en el tráfico durante un minuto.
—Simon dijo que las chicas se detienen y preguntan si pueden ayudar en lugar de aceptar la invitación a jugar, así que podría ser tan simple como acelerar en lugar de detenerme.

—El instinto del depredador —dijo O'Sullivan—. Si algo corre, un depredador lo perseguirá.

—Pero nunca nos han perseguido, y montamos en bicicleta hasta el huerto del Complejo Verde todo el tiempo. —El semáforo se puso amarillo. Kowalski frenó en lugar de acelerar hasta deslizarse por la intersección antes de que la luz se volviera roja—. Al principio pensé que los Lobos que me perseguían no habían oído que nos permitieron montar en los caminos pavimentados. Pero reconocí a Nathan y creí reconocer a Simon. Los caminos tienen carteles de "Los intrusos serán comidos", y cuando los vi venir a por mí...  —Soltó un suspiro y presionó el acelerador cuando la luz se volvió verde—. Solo un juego. Simon pensó que nos habíamos divertido mucho. Apuesto a que los otros Lobos también.

— ¿Y tú? —preguntó Monty.

—Miramos las mismas cosas, pero no vemos las mismas cosas. Me hizo darme cuenta de lo fácil que puede ser joderla y enviar la señal equivocada.

Monty miró por la ventana y se preguntó qué tipo de señal iba a enviar el nuevo Alcalde y el Comisionado de policía.

*****

Meg abrió la Oficina del Enlace, luego miró el reloj. Nathan llegaba tarde, pero Jake Crowgard estaba en su sitio en la pared de ladrillo que separaba el área de entrega del patio detrás del estudio de Henry.

Muy bien iba a tener la oficina para sí misma durante un minuto más o menos.

Sus brazos hormiguearon. No era la sensación de agujas que le advertía de la necesidad de cortarse y liberar las profecías. Esto era más suave, más como un memorándum que como una alarma chirriante.

Al abrir un cajón, levantó la tapa de la caja de madera que Henry le talló y miró las cubiertas de varias cartas proféticas que estaba aprendiendo a usar para revelar profecías en vez de cortar su piel con la navaja de plata. Tal vez hoy finalmente tomaría todas las cartas de la caja y empezaría a descartar lo que no iba a ser necesario para crear el mazo Trailblazer de cartas proféticas.

Agitó las cartas en un vago esfuerzo de barajarlas. No importaba. Cuando se hacía una pregunta, sus manos picaban, y las cartas se elegían en función de la gravedad de ese sentimiento.

Meg cerró los ojos para no influenciar su elección al reconocer la cubierta de un mazo en particular. Colocando las yemas de los dedos en las cartas, susurró:

— ¿Cómo influirá la designación del nuevo Alcalde para Lakeside?

Nada. Nada. Sus dedos rozaron las cartas aunque incluso el hormigueo se desvaneció en la nada. Luego un zumbido en la punta de los dedos de su mano derecha. Retiró las cartas de arriba hasta llegar a la que creó el zumbido. Cogió la carta y abrió los ojos, y supo la respuesta antes de girar la misma para ver la imagen. La carta provenía de un juego de niños y fue mezclada con sus cartas proféticas. Pero las imágenes del juego habían resultado útiles, incluso si las respuestas que proporcionaban no eran generalmente bienvenidas.

¿Qué implicaría el nuevo Alcalde para Lakeside? Un gran signo de interrogación. Futuro indeciso. El futuro de Lakeside había estado indeciso desde que los Terráneos de ahí comprendieron que la respuesta de los Antiguos al accionar de Humanos Primeros y Últimos iba a ser muy, muy mala.

Pero esperaba una respuesta diferente hoy.

Regresó la carta y empezó a cerrar la caja cuando pensó en otra pregunta. Lakeside era una ciudad controlada por humanos, pero el Courtyard pertenecía a los Terráneos. Cualquier brote de hostilidad entre humanos y Otros podría tener consecuencias terribles a raíz de los recientes conflictos.

Meg cerró los ojos y volvió a colocar los dedos en las cartas. Cuando comenzó a trabajar con los mazos, decidió que una selección al azar de tres cartas representaría el sujeto, la acción y el resultado. No sabía si esa era la forma en que otras personas usaban las cartas para leer la fortuna, pero parecía estar funcionando para ella.

— ¿Qué va a pasar a mis amigos en el Courtyard?—Repitió la pregunta una y otra vez mientras buscaba las imágenes que darían la respuesta. Cuando seleccionó las tres que le produjeron el pinchazo más severo, las llevó a la gran mesa de clasificación de madera y las depositó en el orden en que fueron elegidas.

La primera carta tenía tres imágenes: tren, autobús, coche. La segunda carta tenía una explosión. La tercera carta... El signo de interrogación. Futuro indeciso.

Eso no era bueno.

Sacó una libreta de un cajón, las abrió en una nueva  página, luego anotó sus preguntas y las cartas que había escogido como respuestas.

Se sentía reacia a guardar las cartas antes de llamar a alguien para que las mirara y se sentía igualmente reacia a decirle a alguien de la Asociación Empresarial sobre esta respuesta en particular. ¿Tal vez a alguna de sus amigas humanas? Ruth Stuart vivía al otro lado de la calle en la casa dúo familiar en la avenida Crowfield, y Merri Lee se estaba mudando a un apartamento en uno de los edificios de piedra adyacentes que el Courtyard recientemente había adquirido para proporcionar un lugar para que sus empleados pudieran vivir si eran rechazados de los alquileres de propiedad humana.

Un golpe en la puerta entre la sala de clasificación y la habitación de atrás la hizo jadear. Luego se relajó cuando vio a Twyla Montgomery esperando para ser reconocida. La sala de clasificación estaba generalmente fuera de los límites de los humanos, a excepción de unos pocos especiales, y con tanta gente nueva que visitaba la Plaza Comercial, el límite se estaba reforzando con gruñidos y dientes afilados.

—Buenos días, Señora Twyla —dijo Meg.

Escuchó un alboroto en la sala principal y se dio cuenta de que Nathan debía haber entrado mientras usaba las cartas.

—Buenos días, señorita Meg. —Twyla cruzó la habitación y puso una taza para llevar y un recipiente en la mesa de clasificación—. Y buenos días a usted, señor Nathan. Va a ser un día pegajoso, y no lo envidio por tener que usar un abrigo de pieles, no importa lo bien que se vea.

Silencio. Entonces Nathan reconoció las palabras con un suave arroo y volvió a la cama de Lobo bajo una de las grandes ventanas de la habitación de enfrente.

Meg sonrió. Twyla Montgomery era la madre del Teniente Montgomery. Una mujer delgada, de piel oscura, que empezaba a combarse con la edad, ojos marrones que parecían generalmente amables y pelo corto y rizado que era más plateado que negro. Pero Twyla también tenía una actitud de sin complicaciones y no aguantaba insolencias de nadie, un rasgo que hacía que los Lobos estuvieran muy interesados en observarla desde una distancia segura.

—El Señor Simon entró en Un pequeño Bocado refunfuñando sobre el yogur y las entrañas de las chicas y cómo a usted no le gusta el bisonte, —dijo Twyla—. Pensé que podría tener algún tipo de fiebre cerebral y estaba hablando tonterías, pero la señorita Tess dijo que no debías haber comido lo suficiente para el desayuno, así que preparó un sándwich de ensalada de huevos y un poco más para usted.— Una pausa—. ¿Está cicateando la comida, muchacha?

—No, señora. No comí mucho en casa porque planeaba recoger algo cuando llegara a trabajar. —Cuando Twyla la miró, Meg añadió—: Realmente no me gusta el sabor del bisonte.

—Probé una porción el otro día y no puedo decir que me atrajo tampoco. Pero sospecho que si fuera una opción entre comer bisonte y pasar hambre, me vendría bien, y a usted también.

Meg asintió con la cabeza.
—Si esa fuera la opción, Simon podría aprender a que le gustara el yogur.

Twyla se echó a reír.
— ¿Lo creé?

Meg imaginó que le daban un plato de rodajas de bisonte sumergidas en yogur. Temblando, se preguntó si podría hacer una ensalada con hierba.

 Twyla posó un dedo justo encima de las tres cartas sobre la mesa.
— ¿De qué se trata esto? ¿O no lo puede decir?

—Estas son cartas para leer la fortuna, pero las llamo cartas proféticas. Estoy tratando de ver si algunas de las Casandras de sangre puede usarlas para revelar profecía en lugar de cortarse. —Mil cortes. Se decía que era todo lo que una profeta de la sangre podía soportar antes del corte que la matara o volviera loca. Como la mayoría de las profetas no sobrevivían más allá de su trigésimo quinto cumpleaños, Meg, a los veinticuatro años, se sentía muy motivada a encontrar una alternativa a la navaja.

— ¿Qué le dicen? —preguntó Twyla.

—No estoy segura. Pregunté qué iba a pasar a mis amigos en el Courtyard. Estas cartas fueron la respuesta. —Meg esperó hasta que la mujer mayor se acercó a su lado de la mesa. Señaló cada carta—. Sujeto, acción, resultado.

Twyla frunció el ceño ante la carta de tren / autobús / coche.
— ¿Eso significa viaje o transporte?

—Podría significar ambas. Fue elegida como el sujeto, por lo que debería significar la cosa en sí, pero podría significar que una de estas formas de transporte está trayendo a alguien o algo a Lakeside. La explosión, que es la carta de acción, podría significar algo así como "llamar al escuadrón de bombas" o un conflicto emocionalmente explosivo entre un grupos de personas. Así que tal vez un grupo de personas que viajan a Lakeside va a causar algún tipo de problemas para el Courtyard. Me va bastante bien en lo de encontrar las cartas que responden a la pregunta, pero Merri Lee y yo seguimos trabajando en la interpretación correcta de las mismas.

Mientras observaba a Twyla estudiar las cartas, la piel entre sus omoplatos comenzó a pinchar.

— ¿Qué significa el signo de interrogación?— Preguntó Twyla, sonando preocupada.

—Futuro indeciso. Esa fue la misma respuesta que obtuve cuando pregunté por la ciudad de Lakeside esta mañana. —Meg estudió a la mujer mayor—. Sabe lo que significan las cartas, ¿no?

—Tengo un pensamiento, pero nada que quisiera compartir. Todavía no. —Twyla caminó hacia la habitación de atrás.

—Gracias por traer la comida. —Dijo Meg.

Twyla se volvió para mirarla.
—De nada. No cicateé la comida. No hay necesidad de eso.

Meg oyó la puerta trasera de la oficina cerrarse. Luego se inclinó sobre su hombro y se rascó la espalda. Le gustaba Twyla Montgomery, e incluso los Otros le ofrecían a la mujer mayor una confianza que raramente daban a alguien que habían conocido por tan poco tiempo. Esa era la razón por la cual Meg se sentía incómoda ahora.

Sólo esperaba que la señorita Twyla decidiera compartir sus pensamientos sobre las cartas antes de que algo malo pasara.


*****


Twyla pulió los escritorios del consulado, el edificio del Courtyard que era el dominio de Elliot Wolfgard. Era la cara pública del Courtyard, el Terráneo que hablaba con el Alcalde y con los concejales, que asistían a eventos políticos, y que hablaba con la prensa. No le había llevado mucho tiempo darse cuenta de que Elliot podría ser el sofisticado Lobo vocero del Courtyard, pero Simon era el verdadero líder.

—Nunca le tomó a los otros humanos tanto tiempo limpiar los escritorios, —dijo Elliot.

Twyla se levantó de un salto y se volvió hacia él. No lo había oído bajar de su oficina en el segundo piso.

A primera vista, podía pasar por el Presidente Ejecutivo de una empresa exitosa: trajes caros, pelo fino cortado por alguien que probablemente cobraba más de lo que normalmente ganaba en una semana, cuerpo delgado que hablaba de horas en un gimnasio. Sí, podría pasar por uno, y ella apostaría a que un montón de Presidentes Ejecutivos y políticos habían cometido el error de pensar que el verse como ellos significaba que él pensaba como ellos. Pero los ojos ámbar pertenecían a un Lobo, e incluso si los humanos a veces pasaban por alto lo que era, estaba segura de que Elliot nunca lo había hecho.

—Puedo ver que no tardaron mucho en limpiar aquí, por lo que me está tomando más tiempo de lo habitual para darle una limpieza adecuada ahora, —respondió.

Elliot la estudió. Ella se estaba acostumbrando a eso. Los Cuervos que trabajaban en la Plaza Comercial tenían más preguntas que una casa llena de niños pequeños, y al menos uno de ellos se reunía con ella cada vez que entraba a una tienda para comprar cualquier cosa, deseando saber por qué eligió una cosa sobre otra. Los Lobos la estudiaban, estudiaban a todos los humanos a quienes se les permitía el acceso a las tiendas del Courtyard, pero notaba que a ella, a Nadine Fallacaro y a Katherine Debany, -la madre del Oficial Debany-, las observaban más que a las mujeres más jóvenes que eran la manada de Meg Corbyn.

¿Quién enseñaba a los jóvenes en una manada de Lobos?

—Venga acá, —dijo Elliot. Cuando no se movió, añadió—: Por favor.

Él la condujo a los archivadores a lo largo de una pared, luego señaló una pila de carpetas que se tambaleaban sobre una pequeña mesa pegada contra el último armario.

— ¿Sabe cómo archivar de la forma humana?

Cogió una carpeta, miró la designación en la pestaña y eligió el cajón de archivos apropiado. Luego escogió otro cajón. Y otro.

Cerró los cajones y se volvió hacia él.
— ¿Qué clase de tontería es esta?

—Esa es la forma humana de archivar documentos.

—Lo que usted diga.

Un parpadeo rojo, como un relámpago, llenó los ojos de Elliot.
— ¿Qué significa eso?

—Significa que quienquiera que hizo esto tenía su propio sistema para encontrar las cosas pero hizo casi imposible que cualquier persona pusiera su mano en el archivo apropiado, o el tonto apenas empujó cosas en los cajones y esperó que nunca le pidieran encontrar nada. —Ella se adelantó para dejar caer la carpeta en la pila oscilante, y Elliot dio un paso atrás, mirándola de una manera que la hacía pensar que él quería desgarrar la carne de alguien y la suya serviría.

— ¿Puede arreglarlo? — Preguntó.

Parecía estar teniendo problemas para pronunciar las palabras, y se preguntó qué le pasaba a la boca ahora que había estado bien un minuto atrás.

»— ¿Sabe cómo trabajar en un lugar como este?

Todo el mundo en el Courtyard tenía un trabajo. Todos en una manada de Lobos tenían una posición. Y aunque no se le habían asignado tareas a todos los humanos a los que se les permitía compartir las recompensas del Courtyard, había quedado claro que los Otros esperaban que todos los recién llegados descubrieran qué habilidades podían ofrecer para justificar su aceptación.

Twyla reflexionó sobre lo que decía Elliot. Sería un cambio a fregar los pisos y los baños, aunque necesitaban a alguien para hacer eso también. No creía que muchas personas molestaran a Elliot, por lo que sería más tranquilo que trabajar en una de las tiendas de la Plaza Comercial, y podría aprovechar un poco de calma en su día si iba a ayudar a cuidar a los niños en las tardes.

—Nunca aprendí mecanografía, ni computadoras y cosas así, —dijo finalmente—. Contestar el teléfono y archivar, es lo que puedo hacer por usted. Pero sólo en las mañanas cuando los niños están teniendo sus lecciones. Vine a Lakeside para ayudar a Crispin a cuidar a Lizzy, y eso tiene que ser lo primero.

—Por supuesto, —dijo Elliot con calma, su pronunciación una vez más crujiente—. Nos ocupamos de nuestros jóvenes. — Hizo una pausa antes de aportar—, Sam es mi nieto.

Twyla sonrió. Había visto a Sam en la Plaza Comercial, a veces pasando tiempo con los otros niños, pero más a menudo en compañía de Meg Corbyn y un joven Lobo llamado Saltarín. La primera vez que lo vio y notó sus ojos grises, había pensado que él era un niño humano con el pelo que era una extraña mezcla de oro y gris. Y había pensado que era el hermano menor de Meg o un primo. Entonces vio a Meg con un cachorro Lobo que tenía esa misma coloración.

—La Sierra marcó las computadoras y la mecanografía como algunas de sus habilidades, —dijo Elliot—. Tal vez podría...

—No.

La nitidez de su voz la sorprendió más de lo que sorprendió a Elliot. Pero había tenido tiempo de pensar en las cartas proféticas que Meg seleccionó esa mañana. No sabía cómo otro interpretaría esas cartas, pero sabía lo que ella había deducido de las mismas sobre su familia. Eso la hizo enojar, y le dolió el corazón, darse cuenta de que Sierra le mintió a Crispin cuando la muchacha insistió en que no tenía manera de contactar a su hermano, Cyrus. Si hubiera sido sincera, Crispin aún así no habría pagado la tarifa del tren de Cyrus a Lakeside como lo había hecho con su madre, hermana y las dos sobrinas, pero habría llamado a su hermano y le habría advertido que dejara a Toland antes de que la tormenta llegara.

Twyla miró a Elliot. No era el líder real, pero tenía una posición significativa en el Courtyard y entre los Lobos. No podía pedir ayuda a Crispin para confirmar lo que sospechaba. Como oficial de policía, tenía los medios para averiguarlo, pero crearía problemas entre él y su hermana menor una vez que se diera cuenta de que Sierra estaba en contacto con Cyrus.

—Mi Sierra es una buena chica. Es inteligente, amable, trabajadora y ama a sus hijas. Y la mayoría de los días y sobre la mayoría de las cosas, se puede confiar en ella. Pero todos tenemos nuestras debilidades, señor Elliot, y la debilidad de Sierra es su hermano Cyrus. La retuerce y la convence de hacer cosas que no debe hacer, cosas que sabe que están mal. —Twyla miró alrededor del primer piso del consulado—. Esto es como una oficina del gobierno. Algunas cosas son cotidianas y no importan, y algunas cosas no son asunto de nadie más que el suyo. Si Sierra trabajaba aquí para usted y Cyrus viene a presionarla para que le dé información que valdría la pena vender, ella podría resistir por un tiempo, pero al final se la daría y luego trataría de justificar por el qué debería tenerla. Eso causaría problemas para ella y para el resto de nosotros.

—Pero el Cyrus no está aquí, —dijo Elliot.

—Creo que podría estar en camino. —Fue a uno de los escritorios y anotó el número de teléfono de Aullidos, Buena Lectura. Arrancó la hoja y se la entregó a Elliot. Sierra me dijo a mí y a Crispin que Cyrus no había dejado un número en el que pudiéramos contactarlo. Creo que mintió. Creo que lo llamó un par de veces desde que llegamos. No puedo decir si hizo llamadas a otros teléfonos sin permiso, pero cuando la vi usar el teléfono cerca de la caja registradora en un día en que el Sr. Simon y el Sr. Vlad no estaban en la parte delantera de la tienda, se puso nerviosa y afirmó que estaba pidiendo pizza. Puedo decirle que los niños no tuvieron pizza para el almuerzo ese día. —Ella vaciló—. La policía tiene maneras de verificar llamadas hechas desde un teléfono particular, pero no puedo pedirle a Crispin que compruebe esto. Incluso si estoy equivocada sobre ella llamando a Cyrus desde que llegamos a Lakeside, la mentira que dijo antes de que saliéramos de Toland creará tensión entre ella y Crispin.

Cyrus siempre había logrado crear tensión entre sus hermanos, incluso cuando Crispin estaba velando por Sierra.

—Muchas llamadas son hechas desde el teléfono de la librería, —dijo Elliot.

—Lo más probable es que sea un número de teléfono de Toland. Uno que el señor Simon y el señor Vlad no lo reconocerían.

Elliot dobló el papel y lo guardó en el bolsillo.
—Si su cachorra no es adecuada, ¿puede pensar en alguien que lo sea?

—Katherine Debany, —respondió Twyla—. Trabajó como asistente personal. Probablemente sabe cómo dirigir una oficina como esta mejor que el resto de nosotros combinados. Sé que Pete Denby le estaba preguntando sobre trabajar para él un par de tardes a la semana.

Elliot no preguntó por qué estaría disponible un trabajador calificado, y Twyla no ofreció una explicación. Al igual que ella, Katherine había sido despedida por no unirse al movimiento Humanos Primeros y Últimos con el fin de mantener su trabajo.

—Dígale a la Katherine que me vea. —Elliot se dirigió hacia las escaleras. Su pie estaba en el primer peldaño cuando sonó el teléfono. Él la miró de nuevo.

— ¿Quiere que responda? —preguntó Twyla.

—Sí. —Elliot se dirigió arriba—. Gracias.

Sonriendo, tomó el teléfono.

—Consulado del Courtyard, Twyla hablando.

11 comentarios:

  1. solo puedo decir, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS¡¡¡

    ResponderEliminar
  2. Me tiene de Nervios, son muchas cosas, demasiada información a medias que comienza tomar forma en dudas de los libros anteriores, mil gracias y estoy super al pendiente de cada adelanto.

    ResponderEliminar
  3. Con sólo un capítulo que nervios!! Gracias

    ResponderEliminar
  4. Graciasss,el siguiente el siguiente

    ResponderEliminar
  5. me gusta la mama de Monty jajajaj me recuerda a mi abuela, gracias por esta traduccion estoy ansiosa por saber el final

    ResponderEliminar
  6. Gracias por este primer capi ok kisses

    ResponderEliminar
  7. Mil gracias!! Amo a Simón, adoro a Meg y su ingenuidad, y espero q al desgraciado del cyrus se lo coma un terraneo jajajajajja

    ResponderEliminar
  8. gracias!!!con ansiedad esperando mas ;) es muy adictivo

    ResponderEliminar
  9. En serio chicas son geniales, esperaba con mucha impaciencia este libro, me encanta esta saga!

    ResponderEliminar
  10. Feliz inicio de semana gracias empíezo bien la semana esta serie esta genial

    ResponderEliminar